domingo, 10 de noviembre de 2013

7 de noviembre 2013. Día 1

Todo empezó hoy. Nuestra historia comenzó. Hoy me hiciste feliz por primera vez. Salí del colegio y fui hasta la panamericana para tomarme un colectivo que me llevaría a verte. La primera vez que te tendría frente a frente. Puedo jurar que estaba aterrada, sentía que el corazón se me salía del pecho, pero a la vez, tenía ganas de salir corriendo de ese colectivo para llegar lo más rápido posible a donde vos, me estabas esperando. Y llegué. Estaba empezando a llover, pero no me importaba, sólo me puse la capucha y bajé. Entonces, ahí estabas Gonza. Apoyado contra la pared esperando por mí. Me miraste, te miré, y entonces sentí que por fin volví a vivir. Estabas hermoso, y sentía la necesidad de besarte y abrazarte, y eso fue lo que hice. Mi corazón se frenó en el momento que rocé tus labios, como si ese momento perfecto quedara congelado para siempre. Acto seguido, caí en tus brazos, y cuando te abracé mi corazón empezó a ir a mil. Me tomaste de la mano, te puedo jurar Gonza, que cuando me tomaste de la mano sentí el verdadero amor proveniente de tu corazón. Fuimos a comer a un barcito de la terminal donde estábamos, media docena de empanadas, 3 de jamón y queso para él, 3 de pollo para mí. Hablamos mucho, y ahí los dos tomamos la decisión de estar en algo. Ser un algo, dos tontos enamorados que se vuelven locos el uno por el otro. Me gustó la idea, empezar lento, el saber que el me ama casi tanto como yo a él y que está dispuesto de intentar formalizar algo conmigo me parece hermoso. Sé que estas cosas son difíciles pero, siempre tengo presente la famosa frase que dice "Si es difícil, vale la pena" y por eso pienso que vale la pena intentar y dejarme llevar de la mejor forma en ésta relación que ambos estamos formando. Nos subimos a otro colectivo para ir hasta el centro de tigre en busca de la cede del cbc para que Gonzu se pudiera anotar en la facultad. Estábamos yendo, llenándonos de besos, mimos, diciéndonos cosas lindas y abrazándonos hasta qué, decidimos bajar y hacer el amor. Fuimos a un cuarto de hotel transitorio y ahí, lo hicimos. La conexión, el amor y el estado puro de felicidad que sentí no tiene explicación. No hay punto de comparación para explicar lo que sentí, cómo me sentí. Estoy enamorada. Y en el acto de amor más puro en el cual los cuerpos se funden en el fuego del amor par hacerse uno sólo, lo volví a comprobar. Me sentí tan bien, todavía sonrío por el hecho de recordar ese momento. Lamentablemente, tuvimos que terminar ese momento tan dulce y especial, para volver a centrarnos en lo que teníamos que hacer, ir a la cede de la uba.  Seguía lloviendo. Pero nada nos importaba, y fuimos a la parada del colectivo. En el hotel, nos dieron unos caramelos y los comimos, obviamente, yo le pasé el mío durante un beso a Gonza. Me encanta hacer ese tipo de cosas con él. Nos subimos al colectivo, y nos confundimos de parada, bajamos en la puerta del casino, y quiero rescatar una cosa muy importante de eso. Yo le dije que fuéramos caminando, que no pasaba nada, que no me importaba caminar bajo la lluvia mientras fuera compartir tiempo con él. Y entonces, mientras caminábamos, se frenó y me dijo "¿Me concedes éste beso bajo la lluvia?" Y fue una de las cosas más hermosas que escuché. Y él es simplemente lo más hermoso que vi en toda mi vida. Caminamos y caminamos y descubrimos que nos habíamos perdido, pero nuevamente, no me importó, al contrario, significaba más tiempo con el amor de mi vida, más tiempo caminando juntos debajo de la lluvia, tomados de la mano. Sentía que mi corazón estaba cada vez más lleno, lleno de felicidad, esperanza, sueños y alegría. Yo estaba muy feliz, sólo sentía ganas de abrazarlo una y otra vez y mi corazón repetía a gritos "nunca voy a dejarte sólo amor de mi vida, jamás, te amo" y sé lo dije... Y afortunadamente vi una sonrisa en su rostro, esa sonrisa seguida de un beso, seguido de un "yo también quiero mi vida a tu lado" me hizo más feliz de lo que creí que podía ser, me dio miles de motivos para seguir adelante, para seguir con una sonrisa, para luchar por el amor. Y entonces, encontramos el lugar. Ayudé a Gonzi a anotarse y entonces, lamentablemente, tuvimos que volver para ir a mi casa. Yo no tenía problema en volverme sola, pero él, como caballero que es, quiso acompañarme para asegurarse de que nada malo me pasara. Fuimos a la estación de tren, mientras lo esperábamos, nos abrazábamos y besábamos recordándonos cuanto nos amábamos y lo importante que somos el uno para el otro. Subimos al tren, y llegamos hasta san isidro. Por un lado estaba apurada porque estaba preocupada por llegar tan tarde a mi casa, pero por otro, quería que el colectivo que nos estaba llevando a mi casa se detuviera, para poder quedarme con Gonza eternamente. Al bajar, ambos nos hicimos la misma promesa, el estar juntos para siempre para llenarnos de amor y hacernos felices mutuamente, porque nuestro amor es más fuerte que cualquier cosa, y lo demostramos todo el día. Al llegar a la esquina de mi casa, el beso de despedida fue lo más triste que había recibido, pero algo me motivaba, sólo un día o dos y ya nos estaríamos viendo de nuevo, y eso me daba las fuerzas para mantenerme firme esperando con felicidad y ansiedad a que llegara el momento de volver a caer en sus brazos. Aunque el tiempo se hiciera eterno, aunque el beso de despedida sólo me dejara una sensación de extrañar, de extrañar infinitamente al amor de mi vida, sabía que estaba por el camino correcto, que estaba con la persona correcta y que estaba haciendo las cosas bien. Gonza, te amo con todo mi corazón y hoy la pasé mejor que nunca. Gracias, gracias por hacerme tan feliz y por demostrarme que el verdadero amor si existe, y que estamos hechos el uno para el otro. Nosotros, podemos ser felices juntos, sólo tenemos que tomarnos de la mano, y simplemente no te olvides, vos y yo contra el mundo.

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